18
oct/09
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Grandes consejos en pocas lineas

Ayer me encontré con un articulo gracias a un amigo en Facebook, después explorando www.TED.org empecé a ver un buen video y decidí compartir ambos en mi blog, me puse a pausar el video y tomar notas y para mi sorpresa al final encontré que además de ser interesantes tiene una interesante coincidencia sobre el primer paso para ser bueno en cada una de las aéreas que tratan.

Que hacen los buenos CEOs según Peter Druker:
• Preguntaban ¿Qué hay que hacer?
• Preguntaban ¿Qué le conviene a la empresa?
• Desarrollaban planes de acción.
• Asumían la responsabilidad de sus decisiones.
• Asumían la responsabilidad de comunicar.
• Se centraban en oportunidades en vez de problemas.
• Conducían reuniones productivas.
• Pensaban y decían “nosotros” en vez de “yo”.
Las dos primeras prácticas les permitían obtener el conocimiento que necesitaban.
Las cuatro siguientes les ayudaban a convertir ese conocimiento en acción eficaz.
Las dos últimas aseguraban que toda la organización se sintiera responsable.
http://www.emprendedor.com/portal/content/view/186/27/

Para diseñar “a lo grande” bien.
Tim Brown
• El diseño empieza con la GENTE, puede integrar tecnología y economía, pero inicia con la necesidad humana, vida más fácil y disfrutable. Eso es más que simple ergonomía (poner botones en el lugar correcto) es conocer a la gente la cultura aun antes de empezar a tener ideas.
• Construye para pensar. (en vez de pensar para construir) hacer prototipos para probar las ideas en el mundo real, mientras más rápido las probemos más rápido evolucionaran. (OJO las IDEAS DEBEN EVOLUCIONAR para llegar a ser buenas)
• Cambia de la idea del diseño para el consumo al diseño para la participación.
• El diseño es muy importante para dejarse a los diseñadores.
• El cambio requiere nuevas opciones. El pensamiento de diseño nos da nuevas opciones.
• El primer paso es hacer las preguntas correctas.
http://www.ted.com/talks/tim_brown_urges_designers_to_think_big.html

3
oct/09
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En el corazón de la megalopolis

En mis días de búsqueda de empleo tuve suficiente tiempo para cansarme de mi casa y di rienda suelta a mis pies en la gran ciudad. Las camitas más largas y gratas siempre me llevaron al corazón de la ciudad. El centro de la ciudad es también un concentrado de la misma, los edificios glamorosos y en ruinas se amontonan en cada rincón. Las calles amplias o angostas son inundadas con gente de todos tipos: turistas, estudiantes, burócratas, curiosos, oficinistas, mendigos, policías, vendedores, ancianos, jóvenes, niños, señoritas, señoras, burócratas, sexo servidoras, travestis, madres, hijas, tíos, primos, danzantes, merolicos, cilindreros, parejitas, comerciantes, darketos, emos, teporochos, punks y demás personajes vamos y venimos por miles en todas la calles y a todas horas. Múltiples y muy cercanas estaciones del metro se abren expulsan y tragan gente a toda hora y los remanentes se trasladan en micros troles e incluso algunos en bici y otros tantos a pie. Muchos mas aunque relativamente pocos se aventuran en sus autos en una maraña de calles que parecen encogerse como embudos y que sin embargo de alguna milagrosa forma y con una alta cuota de tiempo dan cabida a los vehículos.
Con algunas calles despejadas de ambulatantaje no hace mucho remozadas se pueden disfrutar los edificios coloniales y la gran variedad de negocios como librerías de usado, panaderías, cantinas, torterías, joyerías, y las incontables cuadras de zonas de comercio especializado en donde manzanas enteras se dedican a algún tema que puede ir desde, ferretería, lámparas, electrónica, utensilios de cocina, plásticos, telas, películas, pornografía, video juegos, celulares, piratería, prostitución, bicicletas y saber cuántas cosas más.
Las calles no despejadas ni remozadas no son menos interesantes, los oídos se llenan de todo tipo de ingeniosos dichos, para hacernos saber que los rastrillos de rasurar, las linternas, las guías del metro, el último video de lucerito, dos brasires o la nieve de limón por citar algunos, cuestan dos, cinco, diez, veinte o treinta pesos. La gente se arremolina en cada puesto y es extraño que alguna procesión se abra paso entre compradores y vendedores, llevando voluminosas figuras de algún santo y sus ofrendas correspondientes. Logran desplazarse por las atiborradas arterias principales y de pronto se encaminan a una callejuela en la que detrás de los toldos y la muchedumbre se encuentran pueblos, vecindades o capillas imposibles de notar para los visitantes que no estemos allí en el momento justo en que llegan las procesiones.
Estando yo ya contento de revisitar todo esto, en una de mis excursiones me encontré con una grata sorpresa. Resulta y sucede que ahora se puede visitar las torres de catedral y pues ni tardo ni perezoso tras haber comido un rico elote asado, pague mis 15 pesos y me lace escaleras arriba a ver el centro de la ciudad desde un lugar privilegiado. Los dejo con algunas imágenes:

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