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oct/09
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En el corazón de la megalopolis

En mis días de búsqueda de empleo tuve suficiente tiempo para cansarme de mi casa y di rienda suelta a mis pies en la gran ciudad. Las camitas más largas y gratas siempre me llevaron al corazón de la ciudad. El centro de la ciudad es también un concentrado de la misma, los edificios glamorosos y en ruinas se amontonan en cada rincón. Las calles amplias o angostas son inundadas con gente de todos tipos: turistas, estudiantes, burócratas, curiosos, oficinistas, mendigos, policías, vendedores, ancianos, jóvenes, niños, señoritas, señoras, burócratas, sexo servidoras, travestis, madres, hijas, tíos, primos, danzantes, merolicos, cilindreros, parejitas, comerciantes, darketos, emos, teporochos, punks y demás personajes vamos y venimos por miles en todas la calles y a todas horas. Múltiples y muy cercanas estaciones del metro se abren expulsan y tragan gente a toda hora y los remanentes se trasladan en micros troles e incluso algunos en bici y otros tantos a pie. Muchos mas aunque relativamente pocos se aventuran en sus autos en una maraña de calles que parecen encogerse como embudos y que sin embargo de alguna milagrosa forma y con una alta cuota de tiempo dan cabida a los vehículos.
Con algunas calles despejadas de ambulatantaje no hace mucho remozadas se pueden disfrutar los edificios coloniales y la gran variedad de negocios como librerías de usado, panaderías, cantinas, torterías, joyerías, y las incontables cuadras de zonas de comercio especializado en donde manzanas enteras se dedican a algún tema que puede ir desde, ferretería, lámparas, electrónica, utensilios de cocina, plásticos, telas, películas, pornografía, video juegos, celulares, piratería, prostitución, bicicletas y saber cuántas cosas más.
Las calles no despejadas ni remozadas no son menos interesantes, los oídos se llenan de todo tipo de ingeniosos dichos, para hacernos saber que los rastrillos de rasurar, las linternas, las guías del metro, el último video de lucerito, dos brasires o la nieve de limón por citar algunos, cuestan dos, cinco, diez, veinte o treinta pesos. La gente se arremolina en cada puesto y es extraño que alguna procesión se abra paso entre compradores y vendedores, llevando voluminosas figuras de algún santo y sus ofrendas correspondientes. Logran desplazarse por las atiborradas arterias principales y de pronto se encaminan a una callejuela en la que detrás de los toldos y la muchedumbre se encuentran pueblos, vecindades o capillas imposibles de notar para los visitantes que no estemos allí en el momento justo en que llegan las procesiones.
Estando yo ya contento de revisitar todo esto, en una de mis excursiones me encontré con una grata sorpresa. Resulta y sucede que ahora se puede visitar las torres de catedral y pues ni tardo ni perezoso tras haber comido un rico elote asado, pague mis 15 pesos y me lace escaleras arriba a ver el centro de la ciudad desde un lugar privilegiado. Los dejo con algunas imágenes:

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Filed under: Lugares
Comments (4) Trackbacks (0)
  1. Miguel Romero
    12:32 pm on octubre 3rd, 2009

    Mi querido Rub:

    Que gusto me dá la capacidad que haz desarrollado para transmitir tus ideas, sensaciones y emociones.

    Es otra manera de manifestar tu generosidad, que siempre te ha acompañado.

    Un abrazo de oso

    Miguel Romero

  2. Sergio
    4:54 pm on octubre 4th, 2009

    Muy interesante tu recorido narrativo,,, me queda claro que el corazón de DF es su gente.
    Abrazos desde España,
    Sergio

  3. joaquin zarco
    9:53 am on octubre 5th, 2009

    Ruben

    Me da gusto que hayas disfrutado del centro de esta gran ciudad que tenemos, pero que además la compartas con todos a quienes nos haces recordar y añorar.

    Felicidades, ojalá y pronto encuentres un muy buen trabajo.

    Saludos

    Joaquín Zarco.

  4. Carlos Ayala
    10:12 am on octubre 5th, 2009

    Estimado Ruben.

    Sabes que siempre se te ha considerado dentro de nuestra familia como un hijo mas, creo que desde siempre tu papa y el mio han entablado una excelente relacion de cordialidad y amistad. Es por eso que hoy te digo, hermano mio, es un un orgullo para mi y para mi familia (tu familia) ver cuanto haz madurado como ser humano, como hijo, como hermano y como profesionista. De hecho lo haz heho de tal manera que ma haz inspirado a abrir un espacio tan magnifico como el tuyo.

    Gracias Rubens. Saludos Atte. Ing. Carlos Ayala

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