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oct/10
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Un grito fuera de serie

Este pasado 15 de septiembre prometía ser especial por el famoso bicentenario.  Para evitar posibles líos por la cantidad de personas o peor aun posibles atentados pero no quedarse completamente fuera del festejo acorde con M. ver los sucesos desde la azotea de casa que esta relativamente cerca de reforma y el zócalo, donde acontecerían los mayores festejos.

Así pues llegó a casa en compañía de su novia y un amigo de ella, los dos últimos originarios de USA. Ella lleva una diadema con tres vistosas antenas tricolor y el una bandera mexicana a forma de capa. Faltaban muchas horas para el grito y consensuamos caminar por reforma a ver como estaba la cosa, aunque el plan original había sido estar simplemente en casa. Por la vistosa disparidad en “el patriotismo” de nuestras vestimentas nos hicimos una escala para comprar peluquín y banda tricolores nos lanzamos al inusual festejo a lo largo de Reforma.

La cosa resulto super grata. Primero una relativamente baja cantidad de gente, cosa muy desconcertarte para M. y para mi. No me mal entiendan había bastante gente pero no era el clásico asinamiento al que nos tiene acostumbrados los eventos masivos en esta ciudad. Esto fué muy bueno porque nos permitió movernos por toda reforma mas o menos rápido y platicar en el trayecto. Aunque sospechamos que la poca afluencia fue por el miedo a atentados que fue reforzado por contradictorios avisos de los gobiernos que decían que todo estaba listo para la fiesta pero que mejor quedarse en casa.

En fin la camita estuvo incluyo dos grandes escalas, una para escuchar el Hupango y música de Agustín Lara con la orquesta de las Américas y otra a la Maldita Vecindad. Todo entre gente de todos tamaños colores y edades. Algunos con vestidos: típicos, normales, patrioticamente estrafalarios y varios puntos medios.

También nos extraño la falta de puestos de comida que eventualmente aparecieron pero en mucho menor cantidad a lo normal en cualquier evento en las calles de México.

En fin muchos y muy gratos pasos despúes de nuestro arribo después de haber recorrido de torre mayo a Madero. Tras no poder entrar a un custodiado y saturado Zocalo regresamos a casa, vimos los fuegos artificiales desde la azotea y rematamos cenando unos siempre sublimes y fantásticos tacos.

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